{"id":68,"date":"2022-06-07T19:36:40","date_gmt":"2022-06-07T19:36:40","guid":{"rendered":"http:\/\/raimondino.raimondi.edu.pe\/?p=68"},"modified":"2022-07-05T09:41:01","modified_gmt":"2022-07-05T14:41:01","slug":"la-tragedia-del-otro","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/raimondino.raimondi.edu.pe\/?p=68","title":{"rendered":"La tragedia del otro"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\">de Alessandro Piero Canturini<\/h2>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>El 24 de febrero de este a\u00f1o, los primeros misiles rusos impactaron sobre territorio ucraniano. El mundo, en ese momento, se detuvo, preocupado por el \u201cnuevo\u201d conflicto que estaba acaeciendo. Los noticieros y las redes sociales se saturaron r\u00e1pidamente de art\u00edculos, im\u00e1genes y v\u00eddeos sobre la invasi\u00f3n y la destrucci\u00f3n que se estaba provocando. Estos nuevos <strong>est\u00edmulos<\/strong> audiovisuales provocaron una profunda reacci\u00f3n de rechazo e indignaci\u00f3n en la poblaci\u00f3n global, sumados, en su mayor\u00eda, a un sentimiento de empat\u00eda por y apoyo a las v\u00edctimas. En un primer momento, el mundo estuvo pendiente del nuevo conflicto, a la par que era \u201cv\u00edctima\u201d del bombardeo de est\u00edmulos visuales. Sin embargo, esta reacci\u00f3n inicial se fue disipando lentamente. El desbordamiento de im\u00e1genes y v\u00eddeos, que en un primer momento hab\u00eda logrado captar la mirada del mundo y nos hab\u00eda aproximado al sufrimiento de las v\u00edctimas, ahora estaba provocando un cansancio emocional y una tendencia a la insensibilizaci\u00f3n. Nuevamente, la humanidad se \u201cacostumbr\u00f3\u201d a aquello que en un momento anterior hab\u00eda provocado indignaci\u00f3n y terror.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El conflicto b\u00e9lico entre Ucrania y Rusia no es el primer ejemplo de esto. Vivimos en un mundo en permanente convulsi\u00f3n, donde la guerra es la norma, y la paz, la excepci\u00f3n. Diariamente, estamos rodeados de noticias y fotograf\u00edas que retratan sucesos que atentan contra las normas m\u00e1s b\u00e1sicas del comportamiento social. Cada cat\u00e1strofe regional o global es escoltada por una inundaci\u00f3n de im\u00e1genes e informaci\u00f3n que persiguen la ruina, lo que ha provocado que nos encontremos en una sociedad en proceso de <strong>desensibilizaci\u00f3n<\/strong> ante la tragedia.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro cerebro est\u00e1 \u201checho\u201d para adaptarse a lo tr\u00e1gico, sin importar cu\u00e1n terrible sea este. Este mecanismo de defensa psicol\u00f3gica no solo nos ha permitido superar las adversidades del d\u00eda a d\u00eda y los m\u00e1s terribles sucesos de la historia humana, sino tambi\u00e9n es el responsable del proceso de habituaci\u00f3n emocional ante los est\u00edmulos violentos al cual estamos constantemente sujetos. Un estudio realizado por el neuropsic\u00f3logo Jordan Grafman mostr\u00f3 que las respuestas f\u00edsicas y neurol\u00f3gicas, y la actividad cerebral en la corteza orbital frontal, la parte del cerebro implicada en la regulaci\u00f3n de la agresi\u00f3n, disminuyeron con el tiempo. Por lo tanto, al ser este un proceso innato en la naturaleza humana, y al vivir en un mundo que consiste en una dieta de infinitas inhumanidades y horrores, \u00bfc\u00f3mo no perder nuestra sensibilidad? Parece imposible mantener intactas nuestras reacciones y emociones si entre cada foto o v\u00eddeo sobre una desgracia que vemos en las redes sociales, nos topamos con una recopilaci\u00f3n de v\u00eddeos graciosos, lo que altera completamente el modo en el que nuestro cerebro percibe los est\u00edmulos iniciales. Vivimos en un mundo que parece incitarnos a la desensibilizaci\u00f3n; entonces, cabe preguntarnos qu\u00e9 opci\u00f3n nos queda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Susan Sontag, en su libro <em>Ante el dolor de los dem\u00e1s<\/em>, se propone analizar las implicaciones en el p\u00fablico de las fotograf\u00edas sobre la guerra. Seg\u00fan la autora, a pesar de que las im\u00e1genes nos acercan al sufrimiento de los dem\u00e1s, existe una inevitable distancia entre el \u201cyo\u201d y los \u201cotros\u201d, entre testigo y v\u00edctima, distancia que nos termina llevando a la apat\u00eda o indiferencia.&nbsp; Seg\u00fan Sontag, <em>\u201c<\/em>Dondequiera que la gente se sienta segura, sentir\u00e1 indiferencia\u201d. Y ante esta distancia insoslayable, \u00bfqu\u00e9 rol debemos desempe\u00f1ar como testigos lejanos y cercanos de la tragedia?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y no solo la distancia y nuestra incapacidad de comprender el dolor ajeno provocan que las tragedias ineluctablemente terminen en el desinter\u00e9s, sino que tambi\u00e9n nuestra imposibilidad de lograr alg\u00fan cambio nos inclina a esta indiferencia. No podemos comprometernos eternamente con el horror mundial, por lo que, en alg\u00fan momento, decidimos cambiar de \u201ccanal\u201d, voltear la mirada de la tragedia, ya sea porque nos abruma el bombardeo de est\u00edmulos violentos, o porque queremos de alg\u00fan modo dejar de ver la naturaleza cruel del mundo en el que vivimos. A pesar de que a miles de kil\u00f3metros de distancia haya personas masacr\u00e1ndose, el ser humano en alg\u00fan momento se harta y decide refugiarse en algo que lo aleje de la realidad del mundo. Sontag postula que, ante lo espeluznante, solo podemos ser meros espectadores, incapaces de realizar un cambio, o cobardes, incapaces de ver.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante el dolor de los dem\u00e1s, parece que no se puede hacer nada. El descontrol de contenido audiovisual que retrata las tragedias mundiales nos desengancha de la realidad del mundo, creando una falsa ilusi\u00f3n de paz. La sobresaturaci\u00f3n de est\u00edmulos que nos recuerdan las monstruosidades y barbaries que el ser humano es capaz de hacer desempe\u00f1a la simple e in\u00fatil funci\u00f3n de recordatorio. La indignaci\u00f3n inicial dura solo un momento, ya que cada tragedia, sin importar cu\u00e1n atroz es, termina siendo olvidada o evitada. Tal vez la desensibilizaci\u00f3n ante la tragedia del otro es un proceso inevitable, y este es el estado al cual estamos sujetos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La tragedia dell\u2019altro<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Il 24 febbraio di quest&#8217;anno, i primi missili russi hanno colpito il territorio ucraino. Il mondo, in quel momento, si \u00e8 fermato, preoccupato per il \u00abnuovo\u00bb conflitto che si stava verificando. I notiziari e le reti sociali sono stati rapidamente saturati da articoli, immagini e video sull&#8217;invasione e la distruzione che si stava provocando. Questi nuovi <strong>stimoli<\/strong> audiovisivi hanno generato una profonda reazione di rifiuto e indignazione nella popolazione mondiale, sommati, nella maggior parte dei casi, a un sentimento di empatia e sostegno per le vittime. In un primo momento, il mondo ha prestato attenzione al nuovo conflitto, \u00abvittima\u00bb allo stesso tempo del bombardamento di stimoli visivi. Tuttavia, questa reazione iniziale si \u00e8 lentamente dissipata. Lo straripamento di immagini e video, che in un primo momento era riuscito a catturare lo sguardo del mondo e ci aveva avvicinato alla sofferenza delle vittime, ora provocava stanchezza emotiva e tendenza alla desensibilizzazione . Ancora una volta, l&#8217;umanit\u00e0 si \u201c\u00e8 abituata\u201d a ci\u00f2 che in un momento precedente aveva provocato indignazione e terrore.<\/p>\n\n\n\n<p>La guerra tra Ucraina e Russia non \u00e8 il primo esempio in questo senso. Viviamo in un mondo in perenne convulsione, dove la guerra \u00e8 la norma e la pace l&#8217;eccezione. Ogni giorno siamo circondati da notizie e fotografie che ritraggono eventi che violano le norme pi\u00f9 elementari del comportamento sociale. Ogni catastrofe regionale o globale \u00e8 accompagnata da una marea di immagini e informazioni che rincorrono la rovina, il che ha causato che ci ritrovassimo in una societ\u00e0 in procinto di diventare <strong>insensibile<\/strong> alla tragedia.<\/p>\n\n\n\n<p>Il nostro cervello \u00e8 \u00abfatto\u00bb per adattarsi al tragico, non importa quanto terribile sia. Questo meccanismo di difesa psicologica non solo ci ha permesso di superare le avversit\u00e0 quotidiane e gli eventi pi\u00f9 terribili della storia umana, ma \u00e8 anche responsabile del processo di abitudine emotiva agli stimoli violenti cui siamo costantemente sottoposti. Uno studio del neuropsicologo Jordan Grafman ha mostrato che le risposte fisiche, neurologiche e l&#8217;attivit\u00e0 cerebrale nella corteccia orbitale frontale, la parte del cervello coinvolta nella regolazione dell&#8217;aggressivit\u00e0, sono diminuite nel tempo. Pertanto, poich\u00e9 questo \u00e8 un processo innato nella natura umana, e vivendo in un mondo che consiste in una dieta di infinite disumanit\u00e0 e orrori, come non perdere la nostra sensibilit\u00e0? Sembra impossibile mantenere intatte le nostre reazioni ed emozioni se tra foto o video su una disgrazia che vediamo sulle reti sociali ci imbattiamo in una raccolta di video divertenti, che altera completamente il modo in cui il nostro cervello percepisce gli stimoli iniziali. Viviamo in un mondo che sembra incoraggiarci alla desensibilizzazione; quindi, occorre chiederci quale opzione ci resta.<\/p>\n\n\n\n<p>Susan Sontag, nel suo libro <em>Regarding the Pain of Others<\/em> (trad. it. <em>Davanti al dolore degli altri<\/em>), si propone di analizzare le implicazioni per il pubblico delle fotografie di guerra. Secondo l&#8217;autrice, nonostante le immagini ci avvicinino alla sofferenza degli altri, esiste una distanza inevitabile tra l&#8217;io e l&#8217;altro, tra il testimone e la vittima, distanza che finisce per condurci all&#8217;apatia o all&#8217;indifferenza. Secondo Sontag, \u00abOvunque le persone si sentano al sicuro, proveranno indifferenza\u00bb. E data questa inevitabile distanza, quale ruolo dovremmo svolgere come testimoni lontani e vicini della tragedia?<\/p>\n\n\n\n<p>E non solo la distanza e la nostra incapacit\u00e0 di comprendere il dolore degli altri fanno s\u00ec che le tragedie finiscano inevitabilmente nel disinteresse, ma anche la nostra incapacit\u00e0 di raggiungere qualsiasi cambiamento ci porta a questa indifferenza. Non possiamo impegnarci per sempre nell&#8217;orrore globale, quindi a un certo punto decidiamo di cambiare \u00abcanale\u00bb, di distogliere lo sguardo dalla tragedia, o perch\u00e9 siamo sopraffatti dalla raffica di stimoli violenti, o perch\u00e9 vogliamo in qualche modo smettere di vedere la natura crudele del mondo in cui viviamo. Nonostante a migliaia di chilometri di distanza ci siano persone che si massacrano a vicenda, l&#8217;essere umano a un certo punto ne ha abbastanza e decide di rifugiarsi in qualcosa che lo allontana dalla realt\u00e0 del mondo. Sontag ipotizza che, di fronte alle situazioni raccapriccianti, possiamo essere solo semplici spettatori, incapaci di cambiare, o codardi, incapaci di vedere.<\/p>\n\n\n\n<p>Di fronte al dolore degli altri, sembra che non si possa fare nulla. La mancanza di controllo dei contenuti audiovisivi che ritraggono le tragedie mondiali ci disimpegna dalla realt\u00e0 del mondo, creando una falsa illusione di pace. L&#8217;eccessiva saturazione di stimoli, che ricordano le mostruosit\u00e0 e le barbarie che l&#8217;essere umano \u00e8 in grado di realizzare, svolge la semplice e inutile funzione di richiamo. L&#8217;indignazione iniziale dura solo un momento, poich\u00e9 ogni tragedia, per quanto atroce sia, finisce per essere dimenticata o evitata. Forse la desensibilizzazione alla tragedia dell&#8217;altro \u00e8 un processo inevitabile, e questa \u00e8 la condizione cui siamo soggetti.<\/p>\n\n\n\n<p>Articolo tradotto da Francesco Nori<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>de Alessandro Piero Canturini El 24 de febrero de este a\u00f1o, los primeros misiles rusos impactaron sobre territorio ucraniano. El mundo, en ese momento, se detuvo, preocupado por el \u201cnuevo\u201d conflicto que estaba acaeciendo. 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